Occidente debe posicionarse contra Qatar y contra los Hermanos Musulmanes

De Souad Sbai

Han pasado poco más de un año desde que el Cuarteto Árabe compuesto por Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahréin anunciaron la ruptura de las relaciones diplomáticas con Qatar, así como la adopción de sanciones económicas con un embargo aéreo, marítimo y terrestre en Doha y su territorio.

Sin embargo, tal y como ha afirmado el ministro de los Emiratos Árabes Unidos, Anwar Gargash en un artículo de opinión reciente, hasta ahora no se ha producido ningún progreso para restablecer el diálogo y la armonía en el Consejo de Cooperación del Golfo. De hecho, Qatar sigue interfiriendo en los asuntos internos de los países vecinos y continúa apoyando al extremismo y al terrorismo, en este caso a los “Hermanos Musulmanes y a otros grupos vinculados a Al Qaeda en Iraq, Siria y Libia”. Qatar ha fortalecido las relaciones con Irán y Turquía para aliviar el aislamiento internacional al que se ve sometido y ha intensificado el apoyo a las milicias houthi en Yemen, a pesar de que estas siguen desafiando al gobierno legítimo e internacionalmente reconocido, ocupando la parte septenptrional del país en nombre de las ambiciones expansionistas de Teherán en el Medio Oriente. En resumen, el régimen de Tamim Al Thani no ha eliminado el hábito de “estado deshonesto” que desafortunadamente el padre Hamad ha hecho vestir a su país, no mostrándose dispuesto a buscar ningún tipo de conciliación en lo que respecta a las condiciones que plantea el Cuarteto para eliminar las sanciones y normalizar las relaciones diplomáticas: los llamados 13 puntos.

Tamim pide el respeto de la soberanía nacional y acusa al Cuarteto de querer imponer su voluntad en Doha. Pero tal justificación carece de verosimilitud ante las políticas de Qatar, que representan una amenaza para la seguridad de toda la región y de la Comunidad Internacional. Mientras tanto, Al Jazeera – la poderosa caja de resonancia del régimen de Tamim y de sus aliados – continúa con sus labores de desinformación sobre los asuntos relacionados con Medio Oriente mediante noticias falsas y con una propaganda televisiva engañosa. De manera acertada Gargash destaca que “la crisis no surgió de la nada y que no fue una sorpresa repentina ni para los Emiratos ni para los otros países del Cuarteto”. Sus raíces se remontan a 1995, año en que Sheikh Khalifa perdió el mando de Qatar destronado por su hijo Hamad. Tras haber sido marcado por haber cometido parricidio político, Hamad destroza la identidad del país, poniéndolo al servicio de sus ambiciones de conquista.

Al Jazeera – fundada en 1996 – forma el bastión del plan de Hamad junto a los Hermanos Musulmanes, un movimiento islamista transnacional con vínculos terroristas. El nombramiento de Youssef Al Qaradawi como el líder ideológico del califato Al Jazeera simboliza la alianza estratégica con los Hermanos Musulmanes, una alianza heredada posteriormente por Tamim, cuando en 2013 recibió de su padre la batuta del poder.

La abdicación de Hamad fue táctica; quiso refugiarse entre bastidores para, desde su toma de posesión del  trono, ofrecer una aparente ruptura con las políticas anteriormente seguidas por Qatar, que alcanzaron su punto máximo con las revueltas que devastaron el Magreb y el Mashrek en 2011 y que inesperadamente pasaron a la historia como la “Primavera Árabe”.

En realidad, siempre es Hamad quien tira de las cuerdas de los juegos regionales e internacionales de Doha. El objetivo es siempre el mismo: dominar Oriente Medio a través de los Hermanos Musulmanes. La “Primavera Árabe” no fue más que la cosecha de lo que se sembró desde mediados de los noventa en adelante. Bajo el mando de los Hermanos Musulmanes, durante años, se han realizado reuniones secretas y actividades de adiestramiento en numerosos países del mundo árabe con el fin de preparar el terreno para las ilusorias revoluciones que, en nombre de la libertad y la justicia, deberían establecer nuevos gobiernos liderados por los altos exponentes islamistas de los Hermanos Musulmanes, con Hamad desempeñando el papel de padrino sentado en su trono dorado en Doha. Pero la trama no se limitaba a Egipto, Túnez, Libia, Jordania o Siria ya que se extiende a los países del Consejo de Cooperación del Golfo. Hay pruebas irrefutables del intento de Qatar y los Hermanos Musulmanes de provocar un cambio de régimen en Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, a menudo en coordinación con el aliado iraní. El caso de los Emiratos es tan clamoroso como poco conocido en Occidente.

Una colección de videos y grabaciones demuestra sin dejar lugar a dudas que una vasta red de afiliados de los Hermanos Musulmanes, incluyendo miembros de la élite del país, había puesto en marcha un intento de derrocar al gobierno de Abu Dhabi. En un video que ha visto la luz de una reunión secreta de varios miembros de los Hermanos Musulmanes, es posible ver y escuchar a una mujer velada hasta el punto de quejarse de la “falta de condiciones para desencadenar una revolución en los Emiratos porque la situación económica es buena, la gente es feliz y ama a sus gobernantes”.

A principios de 2013, después de extensas investigaciones, la red de los Hermanos Musulmanes en los EAU fue desmantelada y sus miembros fueron arrestados. La abdicación de Hamad, casualmente, vino inmediatamente después. Sin embargo, los países del Consejo de Cooperación del Golfo han tratado de restablecer las relaciones de buena vecindad con Qatar, pero, recuerda Gargash, “el nuevo Emir no respetó el acuerdo alcanzado, a pesar del compromiso asumido en presencia de los otros líderes del Golfo”. La dirección tomada por Tamim está por tanto en la misma línea que la de Hamad, aunque la “Primavera Árabe” y con ella, la línea paterna se acabaron siendo un gran fracaso. Por lo tanto, con respecto a Qatar, los países del Cuarteto ya no pueden limitar su reacción al atractivo temporal de los embajadores de Doha.

Fueron forzados a tomar medidas más estrictas, elevando el caso a nivel internacional. La dramática experiencia que el mundo árabe está viviendo hoy debido a las políticas agresivas y desestabilizadoras de Qatar y de los Hermanos Musulmanes debería ser una lección para Occidente: el objetivo de los juegos de Hamad, Tamin y de muchos Qaradawi es, de hecho, conquistar y someter no solo al Medio Oriente y al mundo musulmán sino también a Europa y a Estados Unidos. Sin embargo, “no existe la esperanza de que Occidente intervenga y apoye al Cuarteto”, destaca amargamente el Ministro de Asuntos Exteriores de los Emiratos.

Occidente no toma partido en el conflicto, continúa manteniendo una equidistancia que, sin embargo, no corresponde a una elección estratégica, sino al mero oportunismo según la lógica del corto plazo. En particular, Europa se ha dado cuenta de la campaña de compras que está llevando a cabo Doha a través de la cual continúa apropiándose de industrias, empresas, hospitales, mundiales y clubes de fútbol, ​​políticos, periodistas, académicos y de cualquier persona que pueda favorecer la avanzada. Al mismo tiempo, los Hermanos Musulmanes continúan actuando libremente en Italia, Francia, España, Alemania y Gran Bretaña, abriendo mezquitas y centros culturales y penetrando en el tejido social, cultural y político y esto no solo sucede donde los gobiernos son de izquierda.

En este contexto, la equidistancia en la crisis actual del Golfo es equivalente a la mera indiferencia hacia el futuro del propio Occidente, que literalmente está siendo conquistado por el islamismo de los Hermanos Musulmanes y Qatar, sin oponerse y sin reaccionar. El llamamiento proveniente de un país a la vanguardia en la lucha contra el extremismo y el terrorismo, como los Emiratos Árabes Unidos, debería abrir sus ojos, despertar las mentes e inducir a Occidente a elegir posicionarse abiertamente junto al Cuarteto para luchar por unos intereses comunes.

(*) L’Opinione della Libertà