¿Hermanos Musulmanes o Haftar? Europa debe elegir con qué Libia quiere estar

De Souad Sbai

Después de la fatídica guerra contra Gadafi, ahora Libia está sufriendo una fragilidad étnico-política sin precedentes.

Mientras tanto, en medio del caos, los Hermanos Musulmanes consiguen introducirse eficazmente en Occidente; en ese Occidente que debe elegir junto a quién posicionarse: del lado de los extremistas financiados por Qatar o del lado de la estabilidad ofrecida por un hombre fuerte como Haftar que está dispuesto a desarrollar una colaboración inter-mediterránea.

No es un misterio que los Hermanos Musulmanes y sus espirales de proselitismo yihadista siempre hayan considerado a Libia como un delicioso bocado. Tampoco es un secreto el hecho de que la presencia del General Khalifa Haftar, el hombre fuerte de Bengasi, suponga un formidable elemento de disuasión contra el control total y absoluto del país por parte de los exponentes de los Hermanos Musulmanes.

Tras la fatídica guerra contra Gadafi, asesinado de una manera que definirla como sospechosa sería un eufemismo, Libia se enfrenta a una fragilidad y a una atomización étnico-política sin precedentes; y como siempre, en medio del caos, los Hermanos Musulmanes consiguen infiltrarse cada vez de manera más efectiva como ya hicieron, por ejemplo, en Túnez y Egipto.

Esta semana, dos noticias han provocado que Libia y el dualismo que desde hace años caracteriza al país vuelvan a ser el centro de atención: el nombramiento del líder de los Hermanos Musulmanes en Libia, Khalid al-Mishri, como Jefe del Alto Consejo de Estado y los rumores, desmentidos, sobre la muerte de Khalifa Haftar tras haber estado enfermo.

Mishri, desde siempre ha sido uno de los principales opositores al General, por ello, esta coincidencia ha hecho que quienes temen ver el frente antiislamista muy debilitado y el frente islamista fuertemente revitalizado reflexionen.

El hecho de que Haftar, tal y como ha informado por su portavoz, esté vivo ha reactivado las esperanzas de que Libia no quede totalmente en manos de los Hermanos Musulmanes y de las ambiciones expansionistas de Qatar, país que lleva financiando el proselitismo desde hace casi una década.

Es obvio que Libia es un país estratégico no solo para Occidente, ya que es su “base” principal de migración masiva, sino también para las potencias moderadas del norte de África, como Marruecos, Túnez y Egipto. Estos países norteafricanos, no ven con buenos ojos el posible cambio “extremista” de Trípoli; ellos tan solo pretenden mantener el equilibrio en la orilla sur del Mediterráneo, un equilibrio obtenido a costa de grandes sacrificios.

El movimiento de los Hermanos Musulmanes que ha permitido nombrar a al-Mishri Jefe del Alto Consejo de Estado denota, sin duda, un cambio de ritmo en el “caos estable” que existe en Libia.

Mientras tanto, el destino político e ideológico de Libia sigue sin estar definido; la presencia y la fuerza de Haftar, a quien muchos declararon muerto basándose en un tweet, induce a los Hermanos Musulmanes a acelerar el ritmo pero al mismo tiempo consigue que la agrupación terrorista desvele su estrategia.

Una operación que recuerda mucho a la ejecutada contra Gaddafi por Mustafa Jalil, quien fue nombrado líder del CNT, no por su pueblo sino por Occidente, para presentar al mundo una imagen “limpia” de la transición.

La fotografía en la que aparecen Cameron y Sarcozy (sí, siempre él) junto a Jalil, felices y victoriosos en Trípoli, debería recordarnos que este tipo de operaciones son la antesala del fracaso y, como en el caso de Libia, del desastre.

Occidente debe elegir de parte de quién posicionarse: junto a los extremistas financiados por Qatar o junto a la estabilidad de un hombre fuerte interesado en que exista una colaboración inter-mediterránea.

Libia está delante de Italia y, a pesar de que el número de pateras que llega a sus costas ha disminuido, las olas incontrolables de inmigrantes que llegaron estos últimos años están ahí para recordárnoslo.

(*) La Nuova Bussola Quotidiana