“Rachida – Una apostata en Italia” por Souad Sbai: la conversión que lleva a la muerte

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“Exactamente así me sentía, es decir, sola, vacía e impotente ante la cruel e irreparable realidad de un hecho consumado. El hecho en cuestión podría resumirse de la siguiente manera: una mujer marroquí, madre de dos niñas pequeñas, asesinada por su marido a martillazos. El cuerpo de la mujer estuvo en la morgue durante ocho días, como un trozo de carne a punto de deshacerse. Sin dignidad; como si se tratase de una bolsa de basura. Pasara lo que pasara, este es el resultado y nada impidió que sucediera”.

Amargura, consternación, ira e impotencia son algunas de las emociones experimentadas por Souad Sbai, periodista italiana de origen marroquí, fundadora y presidenta de la asociación Acmid-Donna onlus que se ocupa de la lucha contra la violencia hacia las mujeres.

La Asociación de Souad Sbai recibió la llamada de los Carabinieri de Brescello, el pueblo italiano donde tuvo lugar el asesinato de Rachida, y desde entonces, Souad, inició el camino con el fin de reconstruir las motivaciones de ese terrible crimen. Asimismo, Sbai, continúa analizando las múltiples razones que conducen a muchos hombres a usar la violencia contra las mujeres, ya sean esposas, hijas o incluso madres de una manera más o menos grave, cuando ellas se atreven a abandonar el camino impuesto mientras anhelan una libertad totalmente negada.

Rachida, quien vivía en Italia desde hace varios años, había denunciado repetidamente la violencia sufrida a manos de su marido, había hablado con sus conocidos e incluso con el párroco del pueblo durante un proceso de acercamiento a la religión cristiana.

El delito de Rachida, a ojos de su esposo: haber osado a alejarse del Islam y acercarse a otra religión. Un delito de apostasía que recibió el castigo más severo: la muerte.

“Preguntas que todavía están esperando una respuesta: cómo;  por qué; cuándo se puede decidir poner fin a una vida porque se escapa de nuestro perverso deseo de control y subyugación mental”.

Mientras tanto, el cuerpo de Rachida yacía solo y abandonado en la morgue del pueblo, sin que nadie lo reclamese, sin nadie que piadosamente intentara darle una sepultura digna.

Posteriormente Souad Sbai telefoneó a los padres de Rachida, quienes desde Marruecos viajaron a Italia para recoger los restos de su hija y llevarlos a casa.

En ese momento, Rachida se convierte en un símbolo de la libertad, de la capacidad de elegir en qué lado estar, de seguir su propio camino, respondiendo solo a su propia conciencia.

En este caso, la elección se hizo con total discreción, de manera clandestina, solamente para no herir a esa alma violenta que vivía al lado y que no dudó acabar con su vida cuando descubrió la realidad: su mujer se había atrevido a desobedecer las imposiciones establecidas por la tradición, había osado a elegir un camino diferente para su espiritualidad, en definitiva, no había aceptado la sumisión.

Souad Sbai, la autora del libro “Rachida – Un´apostata in Italia” (Rachida – Una apóstata en Italia)– publicado en 2017 para Alter Ego Editions – enfatiza fuertemente las persecuciones a las que están sometidos todos aquellos que abandonan el Islam para convertirse al Cristianismo.

Para poder entender la historia de Rachida es necesaria una llave inclusiva: su violenta muerte a manos de un miembro de su propia familia (concretamente, su esposo) atestigua la imposibilidad de algunas mujeres – (no solo aquellas pertenecientes al área cultural Islámico ya que no hay más que ver la gran cantidad de feminicidios llevados a cabo en Italia) – de afirmar su autodeterminación, de la libertad de elección y de tomar sus propias decisiones, tanto en el campo religioso como en otras áreas de la vida.

Por esta razón que el proceso judicial, tanto en el caso del esposo de Rachida como en todos los demás juicios por crímenes similares, debe basarse en tres imperativos: sin miedo, sin piedad y sin atenuantes.

La unica manera de garantizar un proceso judicial justo, que realmente haga justicia a la víctima, es siguiendo estas pautas rigurosamente.

En el caso de Rachida finalmente se hizo justicia y su asesino obtuvo un castigo apropiado por el horrible crimen cometido.

La historia de Rachida ha aparecido en muchos debates públicos al tratar el tema de la libertad religiosa.

“Mientras sea ilícito que cualquiera pueda seguir libremente el camino indicado por su alma, por su espíritu guía, no será posible construir una sociedad verdaderamente igualitaria y pacífica, libre de los engaños e ilusiones del falso multiculturalismo y de cualquier ingenuo intento de tregua entre quienes aman y quienes odian, en cualquier parte del mundo”.