Clandestinos y terroristas, una realidad que hay que tener en cuenta

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De Souad Sbai

Desde Túnez hasta Sicilia: las detenciones y las escuchas telefónicas demuestran claramente la existencia real de un tráfico de inmigrantes del que se aprovechan los aspirantes a terroristas en Europa.

Ahora mismo, es imposible calcular cuántos yihadistas han llegado en estos años y en qué niveles de radicalismo se sitúan.

Mitos que desmentir, alarmas que reactivar. Esta es la síntesis capaz de reconstruir lo que hemos presenciando estas semanas. Desplazamientos triunfales desde Túnez hasta la costa siciliana, a Marsala para ser exactos, en los que inmigrantes y no solo inmigrantes, fueron llevados cómodamente hasta Italia: en supuestas lanchas ultrarrápidas que en realidad son pateras. La inmigración ilegal florece junto al contrabando de mercancía. Cada viaje cuesta de 3 a 5 mil euros.

El quid de la cuestión, el real, no es el tráfico de migrantes, algo que ha sido denunciando durante años sin que nadie quisiera interrumpirlo por completo, sino la presencia de ciertos personajes unidos al radicalismo islámico yihadista.

En una de las interceptaciones que permitieron detener este tráfico de inmigrantes y arrestar a 13 personas, llevada a cabo por los hombres de la Guardia di Finanza, las palabras son claras e inquietantes: “Que Dios me ayude en lo que tengo que hacer”; estas son las palabras de uno de los arrestados en relación a un viaje a Francia sin retorno, además habla de realizar acciones peligrosas.

Entre los que partieron desde las costas tunecinas, había yihadistas potenciales y hoy en día todavía están entre nosotros. El fenómeno existe y es real.

El alcance de la última operación antiterrorista llevada a cabo, sugiere la imposibilidad de calcular cuántos terroristas potenciales han llegado a nuestras costas hasta ahora y de cuántos se ha perdido la pista: algunos eligen voluntariamente el camino a la cárcel para hacer proselitismo masivo con los otros detenidos y así continuar el camino de la yihad, fallida en Siria o Irak.

Este asunto había sido reportado en otro cuadrante desde hace mucho tiempo visto que entre 2016 y 2017 llegaron a Cerdeña algo así como 3200 argelinos: ¿de qué escapaban? ¿de la guerra? No parece que haya una guerra en Argelia…

A fines del año pasado se volvió a denunciar el riesgo que suponen los terroristas que llegan a Italia infiltrándose entre los inmigrantes.

No podemos olvidar que Argelia y Túnez han sido, a su manera, decisivos para el destino del crecimiento del fenómeno extremista en los últimos 25 años: los años 90 de Argel y sus alrededores fueron el escenario del nacimiento del FIS (Frente Islámico de Salvación) y del GIA (Grupo Islámico Armado) que a su vez dieron lugar a un devastador enfrentamiento que involucró a más de 370 mil personas. Ahí surgieron las organizaciones yihadistas modernas como Jamaa Islamiya, AQMI, Al Qaeda o ISIS.

No es casualidad que la última alianza de Libia se haya realizado con un eje liderado por el legendario terrorista Mokhtar Belmokhtar, líder indiscutible del yihadismo argelino en esos años.

Túnez fue el primer país en experimentar la Primavera Árabe, fomentada por los Hermanos Musulmanes y representada por el partido islamista Ennahda, y también fue el primer país en dar marcha atrás ya que el pueblo comprendió rápidamente que la algerización estaba más cerca que nunca.

Por lo tanto, en relación con los últimos acontecimientos, el temor es que los sujetos radicalizados pueden infectar a las comunidades de inmigrantes de Sicilia, que han sido durante muchos años un ejemplo de buena integración, y que puedan crear otra de esas bombas de relojería que Occidente lleva autoproducido desde hace años.

Ahora mismo, en las mezquitas “hazlo tú mismo” encuentran documentos nuevos, identidades nuevas, hospitalidad y conexiones con el yihadismo tanto en Italia como en Europa.

Ahora solo queda ver cuántos de estos personajes (y de qué nivel) desembarcaron en la costa italiana y de cuántos se perdió la pista mientras la cantinela buenista nos decía que no era posible, que en la inmigración solo hay buenos, que los malos no están…